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Con los años que pasaban también el mundo del vino piamontés continuaba organizándose. Un paso importante en su progreso normativo fue el iniciado en 2006 con la “vitola regional” y completado después de un tiempo con la “estatal”.
“Conscientes de los problemas ligados a los fraudes comerciales que persistían a pesar de los controles –confiesa Luciano– los productores piamonteses habríamos preferido que este “control físico” comenzase enseguida con determinación, involucrando a todo el sector nacional. Pero como de costumbre las novedades son difíciles de actualizar y, por ello, a la espera del convencimiento de las otras regiones italianas, los piamonteses nos movimos solos”.
El miércoles 8 de marzo de 2006 el Comité Vitivinícola Regional sancionó la introducción de la vitola regional para los vinos Doc producidos en Piamonte. No fue un parto fácil, pero al final el diálogo entre los componentes de la cadena llevó al resultado esperado y así la Consejería de Agricultura de la Región Piamonte expresó su parecer favorable a la introducción de la vitola regional también para las Doc como garantía final del plan de controles de cada una de las denominaciones.
Tras algunos años de aplicación de la vitola regional, se pasó a la vitola estatal también para los vinos Doc, pero la iniciativa no encontró el consenso de todas las regiones italianas. Una vez más el sector vitivinícola nacional había decidido viajar a dos velocidades. La realidad piamontesa adoptó la vitola estatal también para los vinos Doc y el resultado de esta medida fue la ulterior calificación de un sector productivo –el de los vinos Doc– que es aún más significativo en cantidad respecto al de las Docg que a partir de los años ochenta del siglo XX utilizaban ya este mecanismo de verificación.
Entre 2007 y 2010, el sector vitivinícola ligado a las dos Docg Barolo y Barbaresco dio una nueva demostración de madurez e iniciativa. Con el soporte del Consorcio Barolo y Barbaresco y de los Municipios de las dos áreas de origen, se identificaron, delimitaron y oficializaron las llamadas “Menciones Geográficas Adicionales”, siglas luego con el acrónimo MGA, aquellas que Francia muchos años antes había definido “Cru”.
Hacía años que el mundo productivo de estos dos vinos habría querido identificar y delimitar las partes de territorio más pequeñas de la zona de origen que desde hacía tiempo se indicaban en las etiquetas para precisar mejor el origen mismo del vino. Los ejemplos de este tipo de indicaciones se habían ido incrementando a partir de los años sesenta del siglo XX cuando los productores más previsores habían comenzado a indicar en las etiquetas de los Barolo nombres como Cannubi, Cerequio, Bussia, Bricco Boschis, Brunate, Vignarionda, etc. y en las de los Barbaresco nombres como Rabajà, Gallina, Asili, Montestefano, Pajorè, etc. Pero había obstáculos objetivos: por un lado una legislación nacida en los años sesenta y por tanto no muy adecuada para reglamentar tales indicaciones; por otro, la lentitud de los organismos institucionales para recoger las novedades expresadas por el sector y, en fin, una comprensible “pereza” del mundo productivo empeñado ante todo en resolver problemas de base en lugar de dedicarse a los de más perspectiva, pero que consideraba marginales.
Finalmente, las “Menciones” fueron introducidas en el ordenamiento legislativo italiano por la ley 164/92, con particular referencia a las Menciones Geográficas Adicionales, o sea nombres tradicionales utilizados para indicar áreas más pequeñas de la zona de origen de un vino con denominación, ya fuera Doc o Docg. El paso de las oportunidades normativas a la realización concreta de un proyecto territorial relativo a Barbaresco y Barolo fue favorecido por la colaboración iniciada en 1994 y prolongada hasta los primeros años dos mil entre el Consorcio de Tutela Barolo y Barbaresco y los varios Municipios que constituían las zonas de origen de los dos vinos con Docg. Al término de los trabajos, que se prolongaron durante algunos años, en la zona del Barolo se identificaron 170 Menciones Geográficas Adicionales, que fueron recogidas por el nuevo Reglamento de 2010.
Entre estas también Cannubi Boschis, la Mención que distinguió a uno de los vinos Barolo de Luciano Sandrone. A estas se deben añadir también las 11 de tipo municipal. En la zona del Barbaresco, en cambio, las Menciones delimitadas fueron 72. De estas, fueron 66 las recogidas en 2007 por el nuevo Reglamento específico.
La añada 2000 continuó con regularidad y, al final de los trabajos en el viñedo, una cosecha "de cine" llevó a la bodega uvas preciosas y capaces de generar vinos de gran satisfacción.
La añada 2000 continuó con regularidad y, al final de los trabajos en el viñedo, una cosecha "de cine" llevó a la bodega uvas preciosas y capaces de generar vinos de gran satisfacción.
El paso de 2002 a 2003 trajo un cambio radical de situación climática. De hecho, muchos investigadores hablaban de "cambio climático" ya desde la década anterior, pero la mayoría de los productores se dio cuenta solo ese año.
En 2004, con la presencia en la empresa de mayores espacios, incluidos también algunos almacenes climatizados y, por tanto, idóneos para la conservación de botellas de grandes añadas destinadas a ser consumidas en los años sucesivos.
Mientras tanto, en la última parte de 2004 se concluía el proceso de organización sectorial y de calificación del mundo vitivinícola del Roero.
Con los años que pasaban también el mundo del vino piamontés continuaba organizándose.
Entre 2011 y 2014, la Empresa Agrícola Luciano Sandrone afrontó otro importante proyecto de ampliación de la estructura de la bodega con la realización del ala orientada al sur del edificio de la empresa.
En 2017, el Barolo 2013 completaba su periodo obligatorio de maduración y afinamiento.
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