Profundizaciones

El recuerdo de Gabriele Cionini*

¿Los vinos de Luciano? Potencia y elegancia, una síntesis perfecta

Gabriele Cionini, nacido en 1944, nació en Falconara Marittima (AN), pero vivió durante mucho tiempo en Pisa, en Toscana. Profesionalmente siempre fue un hombre ecléctico y emprendedor. Inició su carrera como investigador en un centro nuclear experimental. Después de una quincena de años, se convirtió en restaurador en el prestigioso Ristoro dei Vecchi Macelli, en Pisa.
El amor de su vida lo llevó durante una docena de años a París, donde trabajó para dar a conocer a los franceses los mejores vinos italianos. No fue una tarea fácil, pero le permitió conocer a fondo la viticultura italiana. Por este compromiso suyo, a finales de los años Noventa, la Revue des Vins de France lo designó como el «Papa del vino italiano».

«La fortuna de conocer a Luciano – comienza Gabriele Cionini – me llegó en los años Ochenta del siglo pasado. Él formaba parte de la asociación Piccoli Produttori dei Grandi Vini del Piemonte, que había organizado una velada en el restaurante de Paracucchi en Amelia (SP). Desde entonces no nos hemos perdido de vista.»
¿Y cómo se desarrolló vuestra relación?
«Cuando en París comencé a promocionar el vino italiano, los productos de Luciano entraron de pleno derecho en mi grupo de trabajo y así empecé a ocuparme de sus vinos de manera profesional. Un día, Luciano me pidió si podía ayudarle a profundizar los contactos con el productor francés de sus barricas. De una cosa surge la otra: así contacté a ese productor y las relaciones continuaron de manera tan positiva que me convertí en el promotor de esas barricas en el territorio italiano.»
¿Recuerda algún episodio curioso de ese período?
«Día a día nuestra colaboración se fortalecía. Así decidí hablar con él para convencerle de mejorar la estética de sus etiquetas. Producía grandes vinos, pero estaban vestidos con una etiqueta algo cansada. Le pregunté si estaba de acuerdo en que me aventurara a crear la nueva etiqueta para sus vinos y me dio su consentimiento. Empecé a trabajar y creé la etiqueta del Barolo Cannubi Boschis: un fondo claro sobre el que destacaba un rectángulo azul con las inscripciones alrededor. Cuando la vio, Luciano quedó perplejo. No se sentía capaz de descartarla y decidió pensárselo. Pasaron algunos meses y finalmente se convenció. Así completé el trabajo dando forma a las etiquetas de los distintos vinos con un rectángulo de color diferente. Todavía hoy esa etiqueta viste los vinos de Casa Sandrone.»
¿Hay algún vino entre los suyos que haya amado más?
«Diría sin duda el Barolo Cannubi Boschis cosecha 1990, un vino espectacular, de estructura y elegancia al mismo tiempo. A propósito de este vino recuerdo un hecho que me llenó de orgullo: un día organicé una cata entre vinos de diversa procedencia, en París en un local de prestigio, Le Taillevent. Casualmente en la misma mesa coincidieron un vino de Mouton Rothschild, uno de Mondavi, tal vez el Opus One, y el Barolo Cannubi Boschis de Sandrone. Me alegró oír a muchos periodistas y operadores franceses revelar con asombro cómo ese vino italiano, prácticamente desconocido, resistía la comparación con esos dos monstruos sagrados.»
¿Y cómo era Luciano como hombre y como productor?
«No era un hombre fácil: a primera vista podía parecerte desconfiado. Pero, con el paso del tiempo, se convertía en un hombre agradable. También como productor siempre lo he admirado por la meticulosidad y la puntualidad con las que hacía las cosas.»
¿Cómo definiría los caracteres de sus vinos?
«Usaría dos palabras: potencia y elegancia, una síntesis perfecta que se traduce en longevidad.»

*Lamentablemente durante 2025 Gabriele Cionini nos ha dejado.

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