Profundizaciones

El recuerdo de Peter Dipoli

Luciano hablaba poco y quería conocer a quien tenía delante

Peter Dipoli, nacido en 1954, es originario de Laives (BZ). Sus estudios en el Instituto Agrario de San Michele all'Adige y su experiencia juvenil en la Estación Experimental de Laimburg en Auer, en el Alto Adigio, junto con sus orígenes en una familia campesina, lo orientaron hacia el mundo del vino, como productor y más tarde también como operador de mercado. La Azienda Agricola Dipoli tiene hoy su sede en Egna (BZ). Conserva de Luciano un recuerdo nítido y precioso.

Sus primeros contactos con el Barolo se remontan a principios de los años setenta, cuando, en sus viajes a Langa, encontraba con admiración a productores históricos como Aldo Conterno de Monforte d'Alba y los Fratelli Cavallotto de Castiglione Falletto.
«Conocí a Luciano – recuerda Peter – a mediados de los años ochenta, en su bodega histórica, a lo largo del camino que sube al corazón del pueblo de Barolo. Ese período iba a traer grandes cambios en aquel mundo. Y no solo porque en 1986 había estallado el escándalo del metanol. Comenzaba entonces a manifestarse esa confrontación-enfrentamiento, también generacional, entre dos tipos de productores: los innovadores y los tradicionalistas o, para decirlo en mi lenguaje, entre los hooligans y los clásicos».
«Los elementos que caracterizaban a los innovadores – prosigue Peter – residían en los aclareos estivales a veces drásticos, en la producción de vinos rigurosamente "limpios" y en el uso, a veces exagerado, de la barrica. Por su parte, los tradicionalistas respondían con aclareos menos forzados, con el uso de la barrica grande, a menudo lamentablemente defectuosa, y con una expresión del territorio más viva y auténtica».
En aquellos años, Luciano se encontró trabajando y produciendo sus vinos entre estas dos actitudes a menudo en contradicción entre sí. Aunque sometido a solicitudes de ambos lados, Luciano no abrazó nunca ninguna de las dos causas, prosiguiendo su camino autónomo, fortalecido por su larga experiencia al haber trabajado al menos veinte años primero en Giacomo Borgogno y luego en Marchesi di Barolo.
«En él y en su manera de afrontar la producción en viña y en bodega – precisa Peter – siempre prevaleció su "orgullo oculto", una actitud que había extraído en parte de su carácter y en parte de su constante búsqueda marcada por los frecuentes viajes a Borgoña. Con admirable lucidez trazó un camino enteramente propio, sin dejarse enredar en las polémicas y sin exaltarse demasiado cuando los resultados alcanzados se lo habrían permitido».
Con los años, la situación en el mundo del vino albanés se fue poco a poco estabilizando gracias a la contaminación positiva entre las dos corrientes de productores: muchas disputas se diluyeron y tomaron el relevo una filosofía productiva y un estilo de trabajo que resultaron ser la síntesis entre aquellas posiciones tan divergentes.
«En esta evolución – subraya Peter – Luciano salió vencedor, pero de una victoria que nunca proclamó a los cuatro vientos, sino que guardó para sí, para ese orgullo oculto que lo inspiró en todas sus expresiones. De carácter reservado, en ciertos aspectos esencial, en el primer encuentro no se dejaba fácilmente involucrar. Hablaba poco y quería conocer a quien tenía delante. Cuando luego la confianza tomaba el relevo, se convertía en otra persona: se abría a su interlocutor y esa aparente sencillez se convertía en la de un hombre rico en personalidad y complejidad de pensamiento. Solo un hombre tan profundo podía acompañar a la viña y a la bodega a producir un Barolo extraordinario como su Cannubi Boschis 1990, que siempre he admirado».

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