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por una historia que entrelaza a un hombre, su tierra
y la familia que custodia su legado.
Profundizaciones
Nacido en 1943, Carlo Gai es presidente de la Gai Macchine Imbottigliatrici de Ceresole d'Alba, una
estructura industrial de grandes visiones empresariales, especializada en la realización
de instalaciones para el embotellado de vinos y otras bebidas. Las raíces familiares en Villafranca
d'Asti le inspiraron un profundo vínculo con el vino, sobre todo tinto, en particular con el Barolo.
El encuentro con Carlo Gai en su «reino empresarial» de Ceresole d'Alba nos reveló su lado escrupuloso, sus pausas de reflexión antes de las respuestas, el equilibrio de las palabras y las raíces agrícolas y piamontesas que todavía ahora le recuerdan a aquel abuelo paterno que llevaba una pequeña explotación agrícola entre viñas y otros cultivos. Maneras de ser y estados de ánimo que crean un nexo profundo con Luciano Sandrone.
«No tuve muchas ocasiones – comienza Carlo Gai – de encontrarme con Luciano. Nos había comprado dos máquinas para el embotellado de sus vinos, en los años ochenta y luego ya en los años dos mil. Más allá de esto, siempre me gustó su manera de ser profundamente piamontesa, calmado en las palabras, reflexivo en las actitudes y prudente en la acción».
Para él, Luciano siempre fue un interlocutor de gran prestigio.
«Ninguno de los dos – puntualiza – fue nunca un gran charlatán. También por eso me encontraba bien con él. Entendíamos que estábamos en la misma longitud de onda: para el embotellado de sus vinos tan prestigiosos Luciano solo quería máquinas tecnológicamente impecables. Yo solo quería proveer maquinaria funcional a las necesidades de mis clientes. Así fue fácil alimentar ese sentimiento de simpatía recíproca: trabajábamos para los mismos objetivos».
En esta relación de trabajo con Luciano, ¿hay algo que le haya impresionado?
«Me sorprendió su distinción y su manera de celebrar las nuevas adquisiciones. Terminados los trabajos de instalación, Luciano quería celebrar y nos invitaba a los mejores restaurantes de la zona a festejar el evento de la manera más agradable. Siempre traía sus vinos, en particular el Barolo, y yo era muy feliz».
Por sus palabras se intuye la gran admiración que tenía por Luciano…
«He seguido a Luciano de lejos – subraya Carlo Gai – y siempre me ha parecido un hombre de grandes
cualidades y de extraordinario equilibrio, en un mundo donde a menudo se notan posturas excesivas y actitudes radicales. Aprecié mucho, por ejemplo, su equilibrio ante temáticas y elecciones técnicas. Como cuando, en el gran debate entre innovadores y
tradicionalistas, quiso mantenerse por encima de las partes».
Recorriendo sus recuerdos, ¿hay algún hecho curioso que quiera contarme?
«En estos días – apunta el ing. Gai – me ha venido a la mente un hecho ocurrido hace unos 25 años.
En Italia todavía estaba la lira como moneda de curso legal. Por mi gran pasión por el vino
y la buena cocina, con un grupo de amigos estuvimos en un local de gran prestigio, la Enoteca
Pinchiorri de Florencia. En esa ocasión me di cuenta de que Luciano producía un espléndido
Nebbiolo d'Alba Valmaggiore. Quedé tan impresionado por la elegancia y la bebibilidad de ese vino
que les dije a mis amigos que ese era el rey de los vinos para la mesa y que lo habría querido en
mi mesa todos los días.
La respuesta de mis amigos fue lacónica: «si te lo puedes permitir...». Ese vino estaba en la carta
en una de las mejores bodegas de Italia. Desde entonces, todas las veces que he tenido la ocasión
nunca he renunciado a esa copa tan refinada».
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