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por una historia que entrelaza a un hombre, su tierra
y la familia que custodia su legado.
Al recordar aquellos años, Luciano experimenta algo parecido al orgullo: "Durante
el servicio militar, decidí dejar la bodega Borgogno y pasarme a la Marchesi
di Barolo, también porque entonces el servicio duraba bastante y no quería
tener a la Borgogno en suspenso. El 3 de abril de 1967 acepté la oferta
del Cav. Felice Scarzello, que había empleado todos los argumentos para
convencerme. No solo profesionales. Me había prometido, por ejemplo, llevarme a
Turín al estadio para ver partidos de la Juventus, o incluirme cuando visitaba a
sus clientes. Todas promesas que cumplió".
Con el Cav. Scarzello había hablado incluso de la posibilidad de ir a Francia a
visitar la región de Borgoña, cuya viticultura era ya entonces el pariente más
cercano de las Langhe. La idea de un viaje a Borgoña le entusiasmaba mucho,
y el Cav. Scarzello lo había entendido y le animaba a menudo a ir, pues —decía—
allí vería un mundo de la cepa y el vino mucho mejor organizado que lo que
entonces había en las Langhe.
Además, a Luciano le gustaba la idea de ir al restaurante, descubrir platos
algo más innovadores que los de casa, apreciaba salir de la rutina de las
recetas tradicionales; pero sobre todo le apasionaba la cata de vinos
de otras regiones. Estaba tan fascinado por ello que imaginaba invertir
una parte del dinero que ganaría con su trabajo en esa actividad.
También los viajes del Cav. Scarzello y Norma, su esposa, despertaban su
curiosidad. Iban a menudo a Abano Terme y a otros balnearios. El Caballero
combinaba lo agradable con lo útil: se relajaba, hacía curas, pero también
visitaba a clientes en aquellos lugares. Y pronto Luciano se vio incluido en
esas situaciones que recuerda con agrado: "Por mi juventud, era yo quien
los llevaba al destino con el coche de la empresa y luego los recogía".
En la bodega Borgogno —continúa Luciano— me encontraba realmente bien y también por eso nunca sentí la tentación de volver a casa a hacer el oficio de mi padre.
Mientras tanto, en 1966, concretamente el 23 de abril, se promulgó el decreto del presidente de la República Giuseppe Saragat que reconocía la Doc al Barolo.
Mientras tanto había sucedido algo inesperado. De repente los ojos de Luciano se abren y dejan entrever nuevas emociones.
El encuentro con Mariuccia resultó ser pronto prometedor. Es cierto que sus caracteres eran muy diferentes, pero poco a poco se fueron integrando.
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