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por una historia que entrelaza a un hombre, su tierra
y la familia que custodia su legado.
De joven, Luciano era muy reservado, tal vez incluso un poco tímido, y esto lo hacía parecer
esquivo. Era una actitud que desorientaba y daba la sensación de que era una persona
difícil de involucrar. Pero era una impresión superficial, que no respondía a la realidad.
Con el paso de los años, como suele suceder, su carácter se enterneció un poco, aunque quienes
lo conocían por primera vez lo veían un poco gruñón. En realidad era –como se suele decir–
un pedazo de pan.
“Para quienes, como yo, estuvimos cerca de él, no tenía secretos. –recuerda Mariuccia– Me bastaba mirar
su rostro o su forma de caminar para entender su estado de ánimo. Si caminaba rápido,
entonces estaba tranquilo; si su paso era incierto, algún problema lo asediaba. Si su mirada
era luminosa, entonces todo iba sobre ruedas. Si estaba perplejo o tenía los «sij ëncrusià» (las
cejas fruncidas), como se dice por aquí, entonces algo lo atormentaba. Fue sobre todo la
construcción de la nueva bodega en Barolo lo que le causó tanta preocupación. «Hemos
pasado de un garaje a una verdadera bodega», le gustaba decir. El compromiso económico había sido
elevado y, aunque la decisión se había tomado en plena armonía, comprendí que lo mantenía
ansioso. «¿Y si hubiéramos dado un paso más largo que la pierna...?», decía de vez en cuando,
pero luego se corregía: «Si no lo logramos, no hay problema. Como máximo, el banco se quedará con todo
y volveremos a ser lo que éramos antes de empezar las obras... en el garaje», pero en mi corazón
sabía que lo decía para tranquilizarnos”.
La vid y el viñedo tenían un lugar de privilegio en el corazón de Luciano. Y esto desde que era joven.
A la mesa tenía una gran pasión por la cocina de Langa, pero sin exageraciones.
Pasemos al tema "deporte". No se puede decir que Luciano tuviera preferencias particulares. No era aficionado a ningún equipo, pero –si se daba el caso– veía con gusto en televisión un partido de fútbol o, mejor aún, las etapas del Giro de Italia.
La vida de Luciano estuvo salpicada de muchos momentos agradables, muchas ocasiones que lo emocionaron.
En casa, Luciano era "alérgico e intolerante" a las tareas domésticas. Amaba la acogida, el calor de la mesa, le gustaba celebrar las festividades, estar con sus seres queridos, todos juntos.
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