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por una historia que entrelaza a un hombre, su tierra
y la familia que custodia su legado.
Pasemos al tema «deporte». No se puede decir que Luciano tuviera preferencias particulares. No era
aficionado a ningún equipo, pero –si se daba el caso– veía con gusto en televisión una
partida de fútbol o, mejor aún, las etapas del Giro de Italia, sobre todo las comentadas por
Beppe Conti, querido amigo de la familia. Además, era muy aficionado a su hermano Luca, ciclista
amateur, pero de gran nivel. Y no olvidemos el pallone elastico, el deporte de
territorio del que era apasionado.
“Mi marido nunca fue un deportista practicante. –observa Mariuccia–.
En sus tiempos, no había forma de hacer deporte. Se trabajaba y punto. Tenía sin embargo una atención
especial por la Fórmula Uno. Cuando empezaba la temporada, pasaba con gusto los domingos
en el salón viendo el Gran Premio por televisión. Incluso, le habría gustado volar
a Singapur para asistir en directo al Gran Premio nocturno. Pero ya se sabe, en una empresa siempre
había algo que hacer”.
Más bien, era un gran apasionado de la montaña. Cuando era joven y los compromisos laborales
eran menores, con el otro hermano, Bruno, y su primo Gianfranco, les gustaba partir con mochila y
piolet y escalar el Monviso, de manera particular. Cuántas satisfacciones por aquellas bellas
caminatas por los senderos de montaña y luego descubrir trayectos nuevos, admirar panoramas impresionantes,
respirar el aire fresco y la libertad. Naturalmente, todo y siempre en relación con sus capacidades.
También en esto, no le gustaba excederse. Cuando estaba en la montaña, dedicaba también un poco de tiempo
a la pesca, pero no la deportiva, sino la de pasatiempo, siempre en compañía de Bruno,
Gianfranco, Roberto Vezza y Andrea, su brazo derecho en la bodega.
“Entre montaña y mar como lugar de relax –precisa Mariuccia– no tenía dudas. Prefería de
gran larga la montaña. Por otro lado, ¿qué se puede esperar de una persona que tenía abuelos de
Dronero, una pequeña ciudad a la entrada del Valle Maira, en la provincia de Cuneo? La montaña era
realmente su hábitat predilecto. Y era también la dimensión donde todos los años, el 15 de
agosto, iba al Concierto de Ferragosto, donde la música clásica de la orquesta Bruni de Cuneo
regalaba entre las montañas de Cuneo una bella ocasión de cultura y de ocio. Y Luciano nunca
quiso renunciar a ello”.
La música clásica y la lírica eran los dos géneros que le apasionaban. El cantante favorito
era Luciano Pavarotti. No se perdía ni un concierto, sobre todo cuando se transmitían en
televisión. Pero también amaba asistir a la Arena de Verona. Hablando de Pavarotti, solía decir:
“Cuando empieza a cantar, siento un escalofrío que me recorre de pies a cabeza. ¡Una emoción única!”.
Quién sabe si también dependía del hecho de que tenían el mismo nombre de pila…
En su vida, Luciano nunca tuvo tantas amistades. Incluso de pequeño, se había vinculado con
pocos compañeros de su edad. En Barolo tenía dos amigos de la infancia, los hermanos Moscone (Giancarlo e Mario) que
con la llegada de la juventud se habían trasladado a Turín. Con ellos Luciano iba a pastorear los
pocos animales que había en el establo, sobre todo las cabras. Juntos iban siempre al
mismo lugar y, en la estación más húmeda, se divertían haciendo hogazas con el barro.
“Me contaba Luciano –es Mariuccia quien habla– que se dejaban envolver tanto por ese
divertimento que, en un momento dado, las cabras se aburrían y regresaban a casa solas. Ironía
del destino: esos dos hermanos, trasladados a Turín, fueron a trabajar a una panadería
con pastelería y las hogazas las hicieron de verdad, pero con la masa del pan”.
En Turín, Mario Moscone había hecho fortuna y se había comprado la tienda-laboratorio donde
trabajaba. Todavía hoy la familia Moscone es propietaria de la Pastelería Racca en Via Onorato
Vigliani. Con esa familia –en particular con Mario– Luciano siempre mantuvo una excelente
relación. Se hablaban de vez en cuando, mantenían largas conversaciones y recordaban los tiempos
pasados.
De joven, Luciano era muy reservado, tal vez incluso un poco tímido, y esto lo hacía parecer esquivo. Era una actitud que desorientaba y daba la sensación de que era una persona difícil de involucrar.
La vid y el viñedo tenían un lugar de privilegio en el corazón de Luciano. Y esto desde que era joven.
A la mesa tenía una gran pasión por la cocina de Langa, pero sin exageraciones.
La vida de Luciano estuvo salpicada de muchos momentos agradables, muchas ocasiones que lo emocionaron.
En casa, Luciano era "alérgico e intolerante" a las tareas domésticas. Amaba la acogida, el calor de la mesa, le gustaba celebrar las festividades, estar con sus seres queridos, todos juntos.
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