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y la familia que custodia su legado.
La vida de Luciano estuvo salpicada de muchos momentos agradables, muchas ocasiones que lo emocionaron. Entre ellas estuvieron las ligadas a su crecimiento personal y las dictadas por los eventos familiares como los nacimientos, los matrimonios y otras situaciones. Algunos de estos momentos los recordó siempre con orgullo y plena gratificación.
“Como aquella Navidad de 1990. –recuerda con emoción Mariuccia– Nuestra hija Barbara trabajaba en Inglaterra y no podía regresar para las fiestas de fin de año. Entonces Luciano decidió que iríamos nosotros a verla para pasar las fiestas que para él eran siempre especiales. La felicidad se veía en sus ojos desde los preparativos del viaje, luego la partida, la estancia en Oxford: una emoción tras otra”.
Luego, estuvo el Concierto de Año Nuevo en Viena. Una emoción indescriptible para alguien como él tan apasionado de la música clásica. Inmediatamente le pareció entusiasmante la atmósfera que se respiraba en esa sala dorada del Musikverein de Viena cuando la Filarmónica vienesa atacó la primera aria y, una tras otra, las siguientes, con especial predilección por las fascinantes melodías de los diversos Strauss.
“Finalmente, –recuerda todavía Mariuccia– estuvo la fiesta sorpresa de 2006, por su sexagésimo cumpleaños. Una circunstancia en la que la emoción fue realmente palpable. Cuando comprendió que la fiesta era para él, quedó literalmente estupefacto y con lágrimas en los ojos. El evento había sido preparado al detalle. Habíamos hecho lo posible para que él no estuviera en la bodega, habíamos contratado un catering y un pequeño grupo musical. Para el vino no hacía falta buscar en otro lado. Luego había muchos amigos, que llegaron poco a poco y habían dejado los coches en una zona apartada para que él no se diera cuenta a su regreso. En cuanto puso un pie en la bodega, se encendieron las luces y la fiesta comenzó con estruendo, ante su inmenso asombro, que duró días y días”.
De joven, Luciano era muy reservado, tal vez incluso un poco tímido, y esto lo hacía parecer esquivo. Era una actitud que desorientaba y daba la sensación de que era una persona difícil de involucrar.
La vid y el viñedo tenían un lugar de privilegio en el corazón de Luciano. Y esto desde que era joven.
A la mesa tenía una gran pasión por la cocina de Langa, pero sin exageraciones.
Pasemos al tema "deporte". No se puede decir que Luciano tuviera preferencias particulares. No era aficionado a ningún equipo, pero –si se daba el caso– veía con gusto en televisión un partido de fútbol o, mejor aún, las etapas del Giro de Italia.
En casa, Luciano era "alérgico e intolerante" a las tareas domésticas. Amaba la acogida, el calor de la mesa, le gustaba celebrar las festividades, estar con sus seres queridos, todos juntos.
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