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y la familia que custodia su legado.
Un buen día, en el corazón de aquel año, Luciano, caminando entre las hileras de un viñedo de Nebbiolo muy pequeño, de poco más de mil metros cuadrados, que cultivaba en la zona de Le Coste, en Barolo, y que pertenecía a un tal Natale Ronzana, se topó de repente con una cepa de aspecto particular, muy diferente de todas las demás de aquel viñedo. Tenía bayas pequeñas, una vegetación algo escasa y mostraba una producción decididamente inferior a la de las otras. Le pareció curioso e inexplicable haber identificado aquella vid entre tantas. Como encontrar una perla en medio del mar…
Luciano quedó inmediatamente fascinado y, si se quiere, también un poco turbado porque aquella planta parecía poseer su misma filosofía.
Se trataba, en efecto, de un periodo histórico muy particular, en el que predominaba claramente, tanto en viticultura como en la investigación aplicada, la búsqueda de situaciones más estables y cuantitativamente más elevadas, tanto en la producción como en su constancia a lo largo de los años. No hay que olvidar que el cultivo de la vid venía de un periodo bastante largo en el que había reinado la agricultura mixta, en la que los resultados productivos de una explotación tenían orígenes diversos y, tanto en viticultura como en otros cultivos, no solo eran escasos, sino también muy diferentes de un año a otro. También en la selección clonal que en aquel periodo comenzaba a tomar forma, el objetivo que se quería alcanzar no era la calidad a toda costa, sino una mayor constancia en el tiempo y una eficiencia cuantitativa más elevada respecto al pasado.
También en la bodega había comenzado una auténtica revolución, representada del modo más evidente por la introducción de la barrica, un uso mediado por la experiencia francesa de Borgoña y que en aquel momento iba abriéndose paso poco a poco y generaría efectos muy diferentes entre unas empresas y otras.
En una época así, parecía cuanto menos extraño que Luciano se dejara fascinar e intrigar por una planta que producía menos que las demás: eso subrayaba de manera indiscutible su clara inclinación hacia la calidad y el desarrollo de metodologías productivas que debían ante todo valorizar el territorio y el entorno, relegando a un segundo plano la cantidad y los aspectos puramente económicos.
"Lo que parecía aún más increíble, observa Luca Sandrone, era comprobar que antes de Luciano nadie se hubiera dado cuenta de aquella planta tan singular. Ni siquiera el propietario del viñedo, que la había cultivado con pasión durante tantos años. Así que Luciano decidió que valía la pena saber más. Ante todo habría querido descubrir las características de la planta en su evolución a lo largo del tiempo. Y luego trataría de identificar los rasgos de la uva en la producción anual y, mediante una microvinificación, también los del vino que derivaría de ella. Su curiosidad se vio recompensada: una vez alcanzada la maduración y realizada la vinificación, los principales parámetros resultaron de gran interés y así Luciano decidió continuar la investigación, también porque quería asegurarse de que esos resultados no fueran solo el fruto de los acontecimientos productivos de un año." Luciano decidió mantener aquella vid bajo observación. En su mente se agolpaban pensamientos y dudas, pasando rápidamente del optimismo a la incertidumbre. ¿Y si aquella planta no fuera Nebbiolo? Qué decepción habría sido. Pero, por otra parte, el análisis de los principales aspectos morfológicos parecía confirmar precisamente los caracteres del Nebbiolo. ¿Y qué ocurriría al año siguiente? ¿En 1988 las observaciones ofrecerían los mismos resultados o serían distintos? Quién sabe…
Con estas vacilaciones en el ánimo, Luciano pasó los meses de invierno entre 1987 y 1988 y, con la llegada de la primavera, retomó el trabajo de la viña con más entusiasmo que antes. Había comprendido que la única forma de obtener respuestas era investigar y por eso empezó a buscar a quien pudiera ayudarlo a saber más.
Era necesario implicar a los ampelógrafos que trabajaban en el CNR, el Consejo Nacional de Investigación de Turín, y que colaboraban también con la Facultad de Agronomía de la Universidad de Turín, en particular a la doctora Anna Schneider, a la que Luciano había tenido ocasión de escuchar en una de las muchas iniciativas de divulgación sobre el Nebbiolo en la zona de Barolo. Pero ¿cómo encontrarla y lograr su interés?
Un buen día, en el corazón de aquel año, Luciano, caminando entre las hileras de un viñedo de Nebbiolo muy pequeño, de poco más de mil metros cuadrados
Hacia mediados de los años noventa, todos los viñedos preparados con este tipo de vid entraron en producción. Año tras año, las uvas maduraban y daban más vino.
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