8.2 Había que profundizar

Como se sabe, la suerte ayuda a quien se atreve, y así un día Luciano conoció a Nicola Argamante, un agrónomo que, frecuentando los ambientes de la investigación vitícola turinesa, conocía a la doctora Schneider y a menudo acudía a la zona de Barolo. Por su mediación, Luciano logró implicar precisamente a Anna Schneider, que fue a Barolo a observar aquel viñedo y aquella vid tan particular. "En un análisis preliminar, nos dijo Anna Schneider, parecía realmente que aquella vid poseía los caracteres del Nebbiolo, pero para estar verdaderamente seguros había que profundizar."
Se realizó así un primer análisis epidemiológico para entender si ese estado vegetativo tan contenido dependía de una infección vírica. En efecto, los primeros resultados confirmaron que la vid examinada estaba afectada por virus.
El informe de la doctora Schneider dejaba todavía algunas dudas que había que aclarar con más verificaciones: en primer lugar, no había certeza de que aquellas características fenológicas particulares dependieran precisamente de la presencia de virus en la planta, como ocurría, por ejemplo, con la subvariedad denominada Michét, que había resultado ser otra subvariedad del Nebbiolo, la Lampia, afectada por virus. A ello se sumaban otras incertidumbres, como la duda de si aquella vid, una vez saneada, conservaría o no esos caracteres tan prometedores para la ‘calidad’ de los vinos.
Quedaba un problema: para saber más era necesario continuar y profundizar las investigaciones, pero en aquel momento la Facultad de Agronomía y, en particular, el Instituto de Viticultura de Turín no disponían ni de los recursos económicos ni de los profesionales necesarios para llevar adelante la investigación.
"A pesar de todo, recuerda Luca Sandrone, mi hermano quería continuar con la investigación. Para entender mejor había que multiplicar aquella vid y así disponer de un mayor número de plantas. Pero era necesario prestar muchísima atención al hacer esa propagación para evitar difundir la infección vírica a otras vides de ese viñedo o de los colindantes. Había que encontrar un terreno fácilmente delimitable para evitar cualquier problema. En la rápida búsqueda de un terreno adecuado, Luciano recordó que detrás de la casa de nuestros padres en Barolo había un terreno de unos 500 metros cuadrados, bien delimitado, que podía servirnos."
Así se creó una pequeña parcela adecuada para la multiplicación de aquella vid, donde llevar a cabo comprobaciones que pudieran generar resultados más concretos y en cierto modo más contundentes.
En esa parcela se plantaron 450 pies salvajes de Vitis Rupestris y al año siguiente, una vez bien enraizados, sobre cada uno de ellos se injertaría una yema tomada de la vid en observación y de otra que mientras tanto ya había sido propagada.
Siguieron meses y años de trabajo y, al mismo tiempo, de preocupación: las vides plantadas y luego injertadas se iban desarrollando poco a poco y prometían una buena producción de racimos que pudieran vinificarse y evaluarse con atención.
Llegaron así los años noventa. El Barolo seguía creciendo como identidad e imagen en el sector y en el mercado, tanto italiano como internacional.
Luciano ansiaba ver los resultados analíticos y organolépticos del vino que se obtendría de las uvas de aquella pequeña parcela. El inicio de la producción de aquel nuevo pequeño viñedo coincidió con 1992, una añada ciertamente no espectacular desde el punto de vista climático. Pero eso influía poco en la valoración de aquellas nuevas uvas y de aquel nuevo vino. Al contrario, si el año se había revelado de nivel cualitativo medio, pero la nueva producción se mostraba de particular interés y agrado, el resultado sería aún más alentador.
En realidad, los resultados fueron muy positivos: la vinificación separada de aquella partida de uvas permitió obtener resultados analíticos y organolépticos muy alentadores. En síntesis, el vino tenía un color más intenso y compacto y, a nivel analítico, mostraba una cantidad elevada de flavonoides.
"Sobre la base de estos resultados, subraya aún Luca, Luciano decidió reforzar la base de la investigación. Se realizó así una segunda plantación, utilizando siempre vides salvajes como portainjerto y después injertándolas al año siguiente con injerto de yema a partir del material tomado de las plantas ya establecidas. Esta vez tocó a una pequeña parcela en la zona de Drocà, una zona no impecable desde el punto de vista de la vocación, ya por su exposición al este-noreste; en aquel terreno se plantaron poco más de mil cepas. Mientras tanto, se identificó además otra pequeña parcela, en la zona denominada ‘Rivassi’, muy cerca del viñedo en el que Luciano se había topado con aquella vid tan original. En este espacio se plantaron más de 1.300 plantas y así la superficie total de las distintas parcelas sometidas a aquella investigación empezó a ser interesante: ocupaba unas dos jornadas piamontesas, es decir, unos 5.800 metros cuadrados, con unas 2.900 vides. Todo ello constituía una base de verificación bastante más tranquilizadora y, por lo tanto, los resultados podrían aportar mayores certezas."

8.1
Una vid particular - La apuesta

Una vid particular

Un buen día, en el corazón de aquel año, Luciano, caminando entre las hileras de un viñedo de Nebbiolo muy pequeño, de poco más de mil metros cuadrados

8.3
Los nuevos viñedos en producción - La apuesta

Los nuevos viñedos
en producción

Hacia mediados de los años noventa, todos los viñedos preparados con este tipo de vid entraron en producción. Año tras año, las uvas maduraban y daban más vino.

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