6.3 La nueva bodega en Barolo

El crecimiento gradual de los viñedos cultivados con Nebbiolo y con las otras dos variedades autóctonas más difundidas (Dolcetto y Barbera) estaba generando también un incremento del vino y de las botellas producidas. Para acoger de manera eficaz este aumento de producción, hacía falta una bodega más espaciosa. En una primera fase, el problema se resolvió alquilando dos estructuras ya existentes en Barolo, una de las cuales, entre finales del siglo XIX y principios del XX, había albergado la antigua bodega social del pueblo de Barolo.
Pero también esta solución se reveló poco a poco inadecuada. Y era normal que así fuera, porque en aquellos años lo que se podía encontrar en alquiler podía, como mucho, funcionar como almacén o como local de servicio para el etiquetado y embalaje, pero no permitía organizar de forma eficiente un ciclo productivo técnicamente impecable. Quien tenía una bodega bien estructurada se aferraba a ella.
"Era principios de los años noventa. –recuerda Luciano– Nuestra producción aumentaba y, al mismo tiempo, el mercado también ampliaba sus fronteras. Me di cuenta de que ya no podíamos continuar con una estructura aproximativa como podía parecer la nuestra. Es cierto que en la empresa todos los operarios trabajaban con empeño y pasión, pero el progreso de la producción y de las ventas también debía estar respaldado por estructuras de producción adecuadas, bien organizadas desde el punto de vista operativo, técnico y tecnológico".
En aquel periodo, todo el sector vitivinícola de Alba y del Piamonte estaba viviendo una fase de profunda evolución. Tras numerosos años de debates y profundizaciones, la realidad vitivinícola piamontesa había concretado sus nuevos objetivos. El 22 de noviembre de 1994, la Gaceta Oficial de la República Italiana publicaba los decretos de reconocimiento de las denominaciones de origen del territorio (Doc Piemonte, Doc Monferrato y Doc Langhe).
Esta última, en particular, estaba destinada a convertirse con el tiempo en una denominación importante y estratégica para el territorio de las Langhe, con niveles de identidad e imagen muy elevados. También los valores económicos aportarían confirmaciones sustanciales, consolidando, por ejemplo, en 2024 un dato global de más de 23 millones de botellas generadas y comercializadas en el año natural. Entre todos los tipos de vino de dicha denominación, el buque insignia resultaría ser el Langhe Doc Nebbiolo con más de 11 millones de botellas. También desde el punto de vista estratégico, el reconocimiento de la denominación Langhe resultaría ser una solución determinante porque activaría para todos los vinos de primer nivel (ej. Barolo, Barbaresco, pero también Barbera d'Alba, Dolcetto d'Alba, Nebbiolo d'Alba y Roero) un proceso de selección y de potenciación del nivel cualitativo que, año tras año, resultaría fundamental para su imagen en el panorama mundial.

La empresa Sandrone también vivía los problemas de crecimiento del sector, naturalmente relacionados con la dinámica empresarial. Luciano miraba a su alrededor y veía en muchos de sus colegas un deseo irrefrenable de crecer, realizar, organizarse siempre de la mejor manera.
Así, sobre la base de estas constataciones, en su interior estaba madurando la conciencia de que había que pensar en el diseño y la construcción de una nueva estructura de bodega, más organizada para optimizar los mecanismos productivos.
"Con mucha circunspección y sin dar demasiado relieve a la iniciativa, –continúa Luciano en su relato– en 1992 empezamos a buscar nuevas soluciones para nuestra bodega. En un primer momento habíamos identificado un edificio ya existente en la parte más baja del pueblo de Barolo que parecía venirnos bien. Pero la inundación sobrevenida en el territorio de Alba –así como en gran parte del Piamonte vitivinícola– en noviembre de 1994 enfrió nuestros entusiasmos y, sobre todo, nos aconsejó orientar nuestras investigaciones hacia otro lugar. Identificamos así la ubicación actual y en 1997 decidimos comprar el terreno sobre el que construiríamos nuestra nueva bodega. El terreno estaba en Barolo, en la Via Pugnane, un tramo de carretera municipal dirigida hacia la zona de la Bussia y el pueblo de Castiglione Falletto". Este terreno tampoco estaba lejos de un pequeño riachuelo, el Rio della Fava (en piamontés rì dr̄a fâva). Se trataba de un curso de agua de escaso caudal, pero los sucesos aluviales de poco tiempo antes aconsejaban proceder con cautela, sobre todo para entender si podía haber algún inconveniente para la realización en esa zona de una nueva bodega. Aclarada en el plazo de unos meses cualquier posible duda, en la empresa se empezó a reflexionar sobre el diseño.
Así, rápidamente se dieron cuenta de que no podrían conformarse con una estructura pequeña, aunque fuera impecable desde el punto de vista técnico y tecnológico.
Había que tener en cuenta los posibles desarrollos futuros, también porque, entretanto, la producción había aumentado aún más y había ido seguida de una posterior ampliación de los mercados. Había que acelerar los trabajos. Además de Luciano, también Barbara y Luca se habían convencido de ello.
Poco a poco el proyecto se fue desarrollando, concentrando en un espacio único –también para optimizar el trabajo– todas las fases de bodega, desde la vinificación hasta el embalaje y los envíos al mercado.
El diseño de la bodega se confió al Arq. Emilio Rinaldi, quien secundó a Luciano y a los suyos en todas sus expectativas. Para construir la edificación fue determinante la intervención de la empresa de construcción Bertola de Castiglione Falletto. Pero todos los que de algún modo colaboraban en la empresa Sandrone aportaron su contribución para enriquecer esa bodega que estaba surgiendo con muchos detalles, pequeños y grandes, que pudieran hacerla, por un lado, eficiente y, por otro, agradable. "Cada vez –recuerda con plena satisfacción Luciano– que dábamos una vuelta por nuestro territorio o por los vecinos, nos animaba el deseo y la esperanza de encontrar algún detalle agradable que llevarnos a casa para mejorar nuestra construcción. Fue en 1999 cuando nos instalamos en la nueva bodega de Via Pugnane. Por aquel entonces, producíamos 60.000 botellas y a partir de ese momento comenzó nuestro ascenso definitivo".
En este punto, también la organización empresarial tuvo sus aclaraciones: Luca se ocuparía de los viñedos, Luciano de la bodega, Barbara de las ventas y Mariuccia seguiría siendo la mujer ecléctica, racional y resiliente que intervenía para resolver los problemas allí donde parecieran más críticos.

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