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por una historia que entrelaza a un hombre, su tierra
y la familia que custodia su legado.
Mientras tanto, los años pasaban. La década de los sesenta terminó, la siguiente
comenzaba. El mundo del Barolo continuaba su evolución positiva. La
llegada de la denominación de origen había revivido la situación, restableciendo aquel
entusiasmo que había caracterizado la última fase del siglo XIX y los primeros quince
años del XX. Luego, en 1915, la «Gran Guerra» había apagado las
ilusiones, alejando a muchos jóvenes del campo y privando a la agricultura
—viticultura incluida— de las fuerzas de trabajo que eran la base del desarrollo. Las
cosas para el vino de calidad y origen solo irían a peor en las décadas siguientes, no
solo por la llegada del ventennio fascista, sino sobre todo por esa política autárquica
que privilegiaría las producciones agrícolas útiles para "alimentar los estómagos
de los italianos". Finalmente, la situación se haría trágica con el
estallido de la Segunda Guerra Mundial.
Los desastres de treinta años complicados y contradictorios dejarían graves consecuencias
incluso en las décadas siguientes. Así, también la reconstrucción resultó una
fase llena de dificultades. Aunque afrontada con determinación, necesitaría
mucho tiempo para sanar los errores del pasado y sentar las bases del desarrollo
futuro.
En realidad, la calidad de las cosechas también había sido irregular, con eventos de gran
nivel seguidos de otros decididamente más críticos. Emblemáticas fueron las vendimias de
principios de los setenta: 1970 y 1971 habían generado vinos de gran calidad y larga
resistencia en el tiempo, pero justo después, el 1972 resultaría tan
negativo que obligó al mundo del Barolo y del Barbaresco a decretar su total
descalificación por falta de los caracteres cualitativos mínimos,
renunciando a la producción entera.
Con la llegada de los años setenta, en Luciano crecía la convicción de la grandeza del
vino Barolo, un estatus identitario que en Italia ya había hecho mella, mientras
continuaba costándole a nivel internacional. Todavía no sabía muy bien "qué haría de
mayor", pero la idea de participar en el proceso productivo del Barolo le
tentaba. No había tomado decisiones aún, pero a nivel inconsciente probablemente ya
estaba dispuesto a apostar por el futuro de este vino.
"En 1974 —recuerda Luciano— gracias a una afortunada coincidencia
tuve la oportunidad de llevar mi primer viñedo, mitad Nebbiolo y
mitad Dolcetto. Lo vendía un pariente lejano mío y no lo dejé escapar. La viña
estaba situada en Barolo en una bonita posición, a lo largo de la carretera en
dirección al pueblo de Monforte d'Alba. A pesar de esta compra, la idea de montar
mi propia empresa estaba lejos de mi mente. En ese momento no formaba parte todavía
de mis planes. Prefería pensar que aquella compra era más bien fruto de una afición.
Me interesaba probar, experimentar; a lo sumo divertirme y compararme con el resto
del mundo. Sobre todo quería intentar trabajar como lo hacían en Borgoña, respetando
las diferencias legítimas que existían entre las dos zonas. Al seguir frecuentando
esa región había intentado imaginar qué podría ocurrir si trasladase ese estilo a
nuestra realidad vitícola. No solo me intrigaba mejorar la producción en mis colinas,
sino también entender qué efectos produciría en nuestra zona y entre los distintos
productores".
La idea de dedicar su tiempo libre y sus ganas de experimentar al trabajo en aquel
viñedo le fascinaba cada vez más: poco a poco iba racionalizando sus
proyectos. En ese momento solo quería producir uva Nebbiolo de gran calidad,
vinificarla, elaborar un buen vino Barolo y luego, gradualmente, venderlo. Con el dinero
ganado podría continuar sus investigaciones, seguir creciendo, profundizar sus
conocimientos y —¿por qué no?— disfrutar, por ejemplo frecuentando restaurantes de moda
y de prestigio.
Los recuerdos se agolpan y Luciano cuenta: "Mi primera viña de Nebbiolo para Barolo no era grande, poco más de una hectárea, y su estructura de plantación estaba todavía en razonable estado, hasta el punto de que se podía obtener de inmediato una buena producción.
Mientras tanto, la mirada de Luciano empezaba a abrirse al mundo, tanto a nivel organizativo como de promoción y mercado.
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