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No sabemos si aquellos encuentros realizados en la Confcoltivatori y la sinergia que poco a poco se consolidaba entre estos pequeños productores fueron los precursores de lo que en las décadas sucesivas ocurriría en el mundo vitivinícola de las Langhe y el Roero. Ciertamente algo de aquellas actividades ha permanecido en cada uno de los protagonistas también en los años siguientes.
“Ahora, a distancia de tiempo, – reflexiona Luciano – me gusta pensar que fue precisamente gracias a aquellas actividades desarrolladas juntos que crecimos tanto hasta dar vida en 1990 a un afortunado grupo asociado que denominamos ‘Langa In’ ”.
Es verdad que ya en 1978 había habido un primer esbozo de asociación con el grupo denominado “Pequeños productores de grandes vinos piamonteses”, pero la verdadera estrategia sinérgica se materializó en 1990 con el inicio del movimiento de “Langa In”. Gracias a esta asociación muchos productores que habían empezado a caminar y a crecer juntos en los años precedentes continuaron su camino, involucrando a otros jóvenes y nuevas empresas, siempre con el objetivo de construir un futuro importante para las colinas de las Langhe y el Roero. Y no hay que olvidar la aportación de Luciano Sandrone al grupo de los “Barolo Boys” que a partir de aquel periodo contribuyó al renacimiento del Barolo.
“Aunque en un cierto punto de mi camino – precisa Luciano – elegí dejar Langa In y continuar mi recorrido en solitario, estoy convencido de que la pertenencia a este grupo fue útil y estratégica y no solo para cada uno de nosotros, sino también para el crecimiento global de la identidad del territorio vitivinícola de las Langhe y el Roero. El grupo de Langa In fue el escenario ideal para continuar el diálogo entre nosotros y para proseguir la comparación con el resto del mundo. Así, por ejemplo, continuamos promocionando nuestros vinos en el Vinitaly utilizando un espacio común que con el tiempo se convirtió en el punto de encuentro irrenunciable para periodistas, operadores e incluso simples apasionados del vino y la buena cocina del mundo entero”.
Gracias a la colaboración mutua, poco a poco se abrieron paso e empezaron a encontrarse y conocer a muchos restauradores, operadores de hostelería, gente que se dedicaba al servicio del vino en varias zonas de Italia y del mundo.
Como hemos recordado anteriormente, el final de la década de los noventa del siglo XX coincidió con tres añadas vitivinícolas de espectacular valor y calidad: 1988, 1989 y 1990.
Quizás fue su índole de “caminante solitario”, quizás fue su deseo de ponerse a prueba y compararse cada día con nuevos retos...
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