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por una historia que entrelaza a un hombre, su tierra
y la familia que custodia su legado.
Como hemos visto, los orígenes de la familia estaban en La Morra, pero el traslado a
Barolo se produjo bastante pronto, cuando Luciano tenía apenas unos
meses. También por eso Luciano se ha sentido siempre ‘barolés’ en todos los
sentidos.
Las razones del traslado de La Morra a Barolo estaban ligadas al oficio del padre,
Ottavio. Al trabajar como carpintero y haber acumulado una buena
experiencia en varios talleres artesanos, tenía muchas ofertas de trabajo. Además,
era un artesano hábil y por eso los distintos talleres competían por contar con él.
El padre
Ottavio recordaba a menudo haber tenido la fortuna de trabajar durante algunos años en un gran
taller de carpintería en Savigliano, una empresa artesanal tradicional y bien organizada que
producía sobre todo muebles y elementos de decoración. También realizaba muebles bastante
elaborados, con distintas partes talladas y finamente trabajadas. Fue una experiencia que le
resultaría muy útil en los años posteriores. Era cierto que era carpintero, pero en su trabajo
revelaba continuamente ese toque de originalidad y ese enfoque artístico que hacían que fuera
muy apreciado.
En Barolo empezó a trabajar en la carpintería Mozzone, pero permaneció allí
solo unos pocos años. Tenía ganas de emprender un camino propio e independiente y por eso
decidió establecerse por su cuenta, abriendo su propio taller. Aquellos años,
entre finales de los cuarenta y comienzos de los cincuenta, eran difíciles: había trabajo, pero
poco dinero. Sin embargo, demostró inmediatamente un fuerte espíritu emprendedor.
"En
Barolo, en su taller, recuerda Luciano, mi padre producía principalmente puertas y ventanas,
pero el hecho de que en el pueblo hubiera muchas bodegas que necesitaban al
carpintero para el mantenimiento de sus barricas y de sus equipos de bodega
hizo que se especializara también en ese sector: reparaba las cubas, en
particular las tapas de cierre, los ghigét como se llaman en piamontés, retiraba los
tartratos de las superficies internas, fabricaba recipientes pequeños y grandes para el vino
como tinas, cubos, cestas, los àr-bi, y mucho más. Y para esta parte de la producción
solía ir a la llanura entre Fossano, Savigliano y Cuneo a comprar madera de morera,
especialmente adecuada para este tipo de trabajos. Y ocurría que me llevaba con él, de modo
que empecé a recorrer la provincia de Cuneo. Y me gustaba muchísimo."
Mirando atrás hacia aquellos tiempos, Luciano retoma el hilo de su relato: "En una época en la que las familias eran a menudo numerosas, la mía era pequeña, sencilla y modesta.
En 1952, al cumplir seis años, Luciano comenzó la escuela primaria, cursando los cinco años en el castillo de Barolo.
Durante toda la infancia y la adolescencia, e incluso en la primera juventud, Luciano habló siempre poco.
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