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por una historia que entrelaza a un hombre, su tierra
y la familia que custodia su legado.
Durante toda la infancia y la adolescencia, e incluso en la primera juventud, Luciano habló
siempre poco. Cuando caminaba por las calles del pueblo, las muchachas lo devoraban con la
mirada. Era un chico apuesto, pero no daba demasiadas facilidades. Ya entonces
era reservado y frecuentaba poco los lugares de encuentro del pueblo, como el bar o la plaza. No
lo hacía para parecer importante, sino porque así era su carácter. Y, sin embargo, cuando
alguien necesitaba algo, Luciano se desvivía para echar una mano.
En Barolo,
la familia de Luciano vivía en el centro histórico, cerca de la bodega Giacomo Borgogno. Así que
el Cav. Cesare Borgogno lo conocía bien y había advertido su especial inclinación por la tierra,
la agricultura y las actividades relacionadas con ellas. Comprendió enseguida que Luciano sería
un valor positivo para su empresa y por eso hizo todo lo posible para convencerlo de que fuera a
trabajar con él.
"El Cav. Borgogno me apreciaba tanto que había involucrado a mi padre en
su campaña de persuasión. Cada día, cuando volvía a casa desde la escuela, mi padre me
recordaba que ‘el caballero’ había preguntado por mí y esperaba otro encuentro. Esa presión
constante fue dando fruto poco a poco y, al final de mis años de Avviamento, me
convenció para ir a trabajar a la bodega Giacomo Borgogno. Tengo muchísimos
recuerdos de aquellos años. Uno, por ejemplo, me lleva a 1963. Tenía apenas 17 años y ya
trabajaba en Borgogno. Recuerdo que en noviembre de aquel año todos los empleados de esa
bodega fuimos convocados al ayuntamiento de Barolo para una reunión sobre cuestiones
vinícolas. Fue precisamente en aquella ocasión cuando llegó la noticia de que, en Dallas, en
Estados Unidos, habían asesinado al presidente americano John Kennedy. Era la tarde del 22
de noviembre de 1963 y mi pequeño mundo se conectó con el mundo grande."
Los días
despreocupados de la infancia y de la adolescencia habían terminado. Empezaba la edad de la
razón y de la madurez, con oportunidades mucho más apremiantes y concretas.
Mirando atrás hacia aquellos tiempos, Luciano retoma el hilo de su relato: "En una época en la que las familias eran a menudo numerosas, la mía era pequeña, sencilla y modesta.
Como hemos visto, los orígenes de la familia estaban en La Morra, pero el traslado a Barolo se produjo bastante pronto, cuando Luciano tenía apenas unos meses.
En 1952, al cumplir seis años, Luciano comenzó la escuela primaria, cursando los cinco años en el castillo de Barolo.
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y la familia que custodia su legado.