Descarga el libro en PDF y déjate guiar
por una historia que entrelaza a un hombre, su tierra
y la familia que custodia su legado.
Mirando atrás hacia aquellos tiempos, Luciano retoma el hilo de su relato: "En una época en la que las familias eran a menudo numerosas, la mía era pequeña, sencilla y modesta. Todos sus miembros trabajaban desde la mañana hasta la noche, sin descanso, para juntar el almuerzo con la cena. Todo giraba en torno a dos personas: mi padre Ottavio, nacido en La Morra en 1915, que era carpintero, y mi madre, Rosa Corino, también nacida en La Morra, en 1927. Era ama de casa, un papel entonces tan importante como trabajar en el campo o fuera de casa".
En la familia, Luciano era el primogénito. Después llegarían otros dos hermanos, ambos varones: Bruno, en 1950, destinado a convertirse en delineante tras asistir a la escuela profesional INAPLI de Alba San Cassiano. El tercero, Luca, nacería incluso en 1967, cuando Luciano ya había alcanzado la mayoría de edad, que entonces llegaba a los 21 años.
"Estaba haciendo el servicio militar, recuerda Luciano, y cuando descubrí que mi madre esperaba un tercer hijo, la noticia me desconcertó un poco. Me parecía extraño tener un hermano tan joven respecto de mí."
Pero entonces estas situaciones eran frecuentes y nadie se preocupaba por ello. Como mucho se decía "lo quiso el cielo" y todos acogían con gusto al recién llegado. Tras un primer instante de desconcierto, Luciano también acabó viéndolo así y desde ese momento se sintió feliz de compartir con Luca un buen tramo de su camino.
En La Morra, Ottavio Sandrone, el padre de Luciano, vivía en Borgata Pozzo, no muy lejos de la aldea de Annunziata. La suya era una familia agrícola, pero tenía poca tierra, en parte cultivada con viñedo y en parte con otros cultivos. El cabeza de familia, Francesco Sandrone, a quien todos llamaban Cichìn, se había casado con Annunziata Chiari. De ellos nacieron cuatro hijos, tres varones, Ottavio, Carlo y Francesco, y una mujer, Angiolina. Aquellos habían sido tiempos todavía más duros. Ottavio había nacido precisamente cuando había comenzado la Gran Guerra. Entre la guerra, la epidemia de gripe española y las vicisitudes familiares, la poca tierra que poseía la familia se había reducido aún más. Y por eso Ottavio y sus hermanos se vieron obligados a buscar trabajo en otra parte. Ottavio empezó a trabajar como carpintero, Carlo se fue a trabajar a Barge, donde conducía autobuses, y Francesco se trasladó a Savigliano. Quedaba Angiolina, que se había casado con un tal Bartolomeo Oberto, cuya familia vivía en Borgata Pozzo di La Morra y ya hacía vino. La de los Oberto era una familia acomodada, que incluso tenía su propio coche de caballos. La de los Sandrone no. Le costaba mucho más salir adelante.
"Cuando mi padre Ottavio alcanzó la mayoría de edad, recuerda Luciano, se fue al servicio militar y participó en la Segunda Guerra Mundial como conductor en la desastrosa campaña de Rusia. A su regreso, como tantos otros, intentó olvidar y dejar atrás aquel periodo tan terrible. Muchas veces traté de hacer que me contara sus vivencias de guerra, pero raramente se dejaba convencer. Prefería olvidar. Mi padre era una persona polifacética y dinámica. No podía estarse quieto. Siempre tenía que hacer algo. Incluso antes de ir al servicio militar ya había obtenido el permiso de conducir. En aquellos tiempos era algo raro, pero él había hecho de todo para conseguirlo. Y había una razón concreta: la familia de mi abuela materna, que procedía del Valle Maira, en la provincia de Cuneo, tenía en Dronero una pequeña fábrica que trabajaba el hierro y producía hoces y otras herramientas para el trabajo del campo. Era la fábrica ‘Falci’, que aún existe hoy, aunque haya cambiado de propietarios. Además de aquella fábrica, la familia de mi abuela también gestionaba el servicio público de transporte por carretera y líneas de autobús."
Como en aquellos años en casa Sandrone, en La Morra, no había trabajo para todos, Ottavio decidió de buen grado ir a trabajar en las líneas de autobús, primero como cobrador y después como conductor. Y así fue como, después de un poco de aprendizaje, consiguió sacarse el permiso.
"Pensad en las coincidencias de la vida: a mediados de 2021, después de mucho tiempo, volví a ver a un conocido mío que comerciaba con objetos antiguos y viejas herramientas. Sin conocer mi pasado, me habló de una bonita mesa de hierro realizada con muchos recortes procedentes de la fabricación de hoces. Fui a verla y, con gran asombro, me di cuenta de que aquella mesa estaba hecha precisamente con piezas de desecho de la misma fábrica ‘Falci’. La emoción fue inmensa, pero hice como si nada y no pude resistirme. Así que la compré." De la misma Borgata Pozzo, un poco por encima de la aldea de Annunziata di La Morra, procedía también la madre de Luciano, Rosa Corino. Tanto la familia de su madre como la de su padre vivían en el mismo núcleo, a pocas decenas de metros la una de la otra. Y aquellos dos jóvenes, aunque habían nacido con doce años de diferencia, se conocían bien. Ya sabéis cómo ocurren estas cosas: un saludo hoy y un cumplido mañana, y en pocos años el padre y la madre de Luciano se comprometieron y luego se casaron.
También la familia de Rosa Corino, la madre de Luciano, se vincularía con el tiempo al mundo del vino. Siempre habían cultivado la viña, pero en cierto momento empezaron también a vinificar las uvas y a hacer vino. Todavía hoy, los descendientes del tío Giovanni Corino, hermano de mamá Rosa, continúan su actividad como productores vitivinícolas.
Como hemos visto, los orígenes de la familia estaban en La Morra, pero el traslado a Barolo se produjo bastante pronto, cuando Luciano tenía apenas unos meses.
En 1952, al cumplir seis años, Luciano comenzó la escuela primaria, cursando los cinco años en el castillo de Barolo.
Durante toda la infancia y la adolescencia, e incluso en la primera juventud, Luciano habló siempre poco.
Descarga el libro en PDF y déjate guiar
por una historia que entrelaza a un hombre, su tierra
y la familia que custodia su legado.