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por una historia que entrelaza a un hombre, su tierra
y la familia que custodia su legado.
En primer lugar, también por respeto a la escala de estructura, hablamos del Dolcetto
d'Alba Doc, vino con Denominación de origen controlada desde 1974. Nace en los viñedos
cultivados en altitud y sobre esa "tierra blanca", compuesta principalmente de calcáreo y limo,
con alguna ligera presencia de arena, que es sinónimo de vino elegante. Tras la elaboración
separada de las uvas de cada viñedo y un breve período de afinado, se crea el ensamblaje más
adecuado para dar continuidad a la tipología fragante del vino y traducir en concreto los
caracteres de los factores productivos.
Son los depósitos de acero los que acogen tanto la fase fermentativa tumultuosa como la
maloláctica. Luego, el Dolcetto d'Alba va a botella donde afina durante al menos tres meses
antes de salir al mercado.
La botella corona la calidad y regala un vino joven y fragante que alegra con la misma
autoridad la mesa cotidiana y la de fiesta.
En copa los caracteres son expresión de juventud y prontitud: el color rubí acoge aquí y allá
sutiles reflejos violetas. La fragancia frutal domina el aroma con notas que recuerdan la
cereza marasca, la ciruela y sus mermeladas junto con los primeros apuntes de aromas
especiados. En boca es delicado y envolvente, con un vigoroso volumen sostenido por una trama
de taninos maduros y bien integrados. La nota de frescura la otorga la justa acidez que
precede el ataque final inspirado en la almendra amarga.
El Dolcetto d'Alba es una bella expresión de biodiversidad que Luciano quiso seguir produciendo
y ofreciendo al mercado para brindar una particularidad que permite una bebida más desenvuelta,
pero de gran satisfacción.
La Barbera d'Alba Doc es un primer paso hacia la fragancia afinada, ese complejo olfativo
y sabroso que caracteriza los vinos frutales, capaces de defenderse de los embates del tiempo
y llevar al mañana los caracteres esenciales del origen. La variedad Barbera, como ya hemos
visto, es capaz de adaptarse a distintas situaciones ambientales, pero si se planta en los
lugares adecuados su respuesta en términos de calidad es aún más resuelta. Así, Luciano fue
seleccionando con el tiempo los espacios más aptos para las exigencias de esta variedad y sus
expectativas de vino, sobre todo las parcelas bien soleadas donde las vides saben extraer de
los rayos del sol toda la esencia, la estructura y la plenitud.
Si la fermentación primaria se desarrolla en depósitos de acero, es la madera con sus
contenedores de 5 hectolitros la que acompaña el vino nuevo hacia la fermentación
maloláctica. Tras unos nueve meses de maduración, es la botella la que afina la Barbera
d'Alba durante un período de igual duración, dejándola lista para la mesa del consumidor.
A la vista el vino exhibe una coloración intensa, profundamente rubí, con marcados reflejos
cardenalícios. En nariz, las notas fragantes de moras, arándanos y confitura de frutos rojos
se mezclan con las etéreas y especiadas. La sapidez se ve hecha más armónica por una
vibrante acidez que contribuye a la elegancia. También los taninos marcan su presencia, pero
sin exageraciones, y aportan la justa estructura al vino. El final revela elegantes notas de
madera y minerales que perduran en boca y completan un vino decidido, fresco y exuberante.
Queda la conciencia de haber degustado un vino elegante y determinado, que resume las
contribuciones de un complejo ambiental valioso, con la sinergia entre la tierra y el cielo
que se sitúa por encima de todo.
Ahora hablamos del Nebbiolo d'Alba Doc del preciado origen de
Valmaggiore, una auténtica interpretación heroica de la variedad Nebbiolo, tanto por la
pronunciada pendiente de la colina en el anfiteatro natural de esta parte de Vezza d'Alba,
en el Roero, como por el riguroso cultivo manual, como por la pasión que el hombre y la
naturaleza ponen en confeccionar este precioso vino. A lo largo de una vida de apuestas y
empresas, Luciano dedicó mucho sentimiento a la construcción de este Nebbiolo a la izquierda
del Tanaro. Y lo hizo primero con la tenacidad con que fue reuniendo las numerosas parcelas
necesarias para completar ese anfiteatro natural; luego continuó diseñando ese viñedo de
contornos mágicos; y, finalmente, completó la obra adaptando la técnica de cultivo a los
caracteres del lugar para exaltar su vocación y su centenario vínculo con el Nebbiolo.
Valmaggiore se ha convertido así en un viñedo moderno e histórico a la vez, testigo del tiempo
transcurrido, pero también fiel a los caracteres ambientales originarios. Todo alrededor está
el Roero con su rica biodiversidad y la tendencia a cultivar junto al viñedo el huerto frutal
como el jardín, el prado como el bosque.
Los depósitos abiertos de acero acogen el mosto en su fermentación tumultuosa, pero luego son
las maderas de 500 litros las que secundan la fermentación maloláctica y la posterior fase
evolutiva. Nueve meses de botella completan el proceso de elaboración regalando al Nebbiolo
d'Alba Valmaggiore el merecido afinado.
Luego, es fiesta para el consumidor, italiano y de tantos países del mundo, al conocer y
apreciar los caracteres delicados y al mismo tiempo exuberantes de este espléndido vino.
El color de los pétalos de amapola anuncia una bella trama organoléptica, con sutiles reflejos
solares que poco a poco calientan su aspecto. El aroma ofrece los gratos y vivos aromas de
los frutos rojos, la rosa recién abierta y la violeta de prado. Poco a poco, también las
especias, con la pimienta blanca en evidencia, hacen su aparición, regalando al olfato la
plena majestuosidad. En boca se llena de aromas frutales y especiados, con el tanino y la
acidez que, integrados como están, aportan plena sapidez en un final largo y estratificado.
Si el encuentro con el mundo de Valmaggiore fue para Luciano como un flechazo, la plenitud de
los caracteres del vino y su complejidad reafirman cada vez sus caracteres únicos.
El reino del Barolo abre sus puertas con la tradición del ensamblaje interpretada por Luciano
con rigor en su Barolo Docg Le Vigne. Años y años de rigurosas investigaciones le permitieron
identificar los viñedos, diseminados aquí y allá en los distintos pueblos de la zona de
origen del Barolo, aptos para crear un vino grande, precioso y propenso a la longevidad. La
calidad, la originalidad y el placer los garantizan las uvas de Nebbiolo producidas en los
viñedos situados en Vignane (Barolo), Merli (Novello), Baudana (Serralunga d'Alba), Villero
(Castiglione Falletto) y Le Coste di Monforte (Monforte d'Alba). Son como los músicos e
instrumentos de una gran orquesta, capaces de generar piezas de armonía en el estilo
tradicional que ha hecho noble e irrepetible al Barolo.
La elaboración de cada viñedo sigue su propio recorrido exclusivo en la vinificación y la
maduración. Luego, tras repetidas catas, cada año se renueva un meditado ensamblaje que une
la complejidad a la estructura, la elegancia a la dulzura, el nervio a la fragancia.
Elaboración y fermentación tienen como escenario los depósitos abiertos de acero, mientras que
la fermentación maloláctica, la maduración y la elevación se desarrollan en acogedores
toneles de roble francés de 500 litros. Luego sigue el afinado en botella durante dieciocho
meses para dar al vino la refinada elegancia que merece. Cuando el tiempo haya acompañado
adecuadamente los caracteres y suavizado las aristas residuales, será el consumidor quien
festeje acogiendo el Barolo Docg Le Vigne en amplias copas acompañadas de los platos más
apreciados.
La mesa es el escenario ideal para contar sus caracteres, comenzando por ese color rojo granate
elegante y sólido que recuerda a las fresas maduras bajo el sol del atardecer. Luego es la
componente olfativa la que despierta el mayor encanto con los aromas florales de violeta,
frutales de grosella, frambuesa y fresita del bosque, especiados de pimienta y canela y con
el atractivo del regaliz. En boca interpreta una inicial juventud como una promesa de larga
evolución que llevará a la sapidez a confundirse con la estructura, la dulzura con el espesor,
la armonía a prevalecer poco a poco sobre las asperezas juveniles. La marcada longevidad
permitirá apreciar sin vacilación los caracteres de este Barolo durante largos años.
En otro tiempo era Cannubi Boschis, tanto la uva como el vino. Hoy ha quedado Cannubi Boschis
para el origen, pero el vino es Barolo Docg Aleste. El viñedo está en el corazón del pueblo
de Barolo, sobre esa larga colina de los Cannubi que desde el núcleo urbano se proyecta hacia
el norte, definiendo para la vid dos vertientes que miran respectivamente al este y al oeste.
El viñedo de Cannubi Boschis está aquí, cultivado por Luciano desde 1977, año en que el
viñedo pasó a ser de su propiedad. En el panorama productivo del Barolo, Cannubi es un mito
y también Cannubi Boschis, que en otro tiempo se llamaba también Monghisolfo. Aquí el Nebbiolo
encuentra las dimensiones ideales en cuanto a suelo y los demás caracteres ambientales y
genera uvas que, año tras año, regalan un vino precioso, sólido, capaz de resistir al tiempo.
En 2013, tras años de reflexión, Luciano decidió que este vino debía llevar en etiqueta una
referencia más apropiada. El vino es fruto de muchos factores, no solo del suelo; también de
la variedad, el clima y, sobre todo, del hombre. En nombre de esta originalidad, Cannubi
Boschis ha quedado solo como referencia a la uva y al vino se le ha dedicado un nombre más
evocador. Quizás más misterioso, pero cargado de muchos significados. Así, con una actitud
también algo supersticiosa, decidió dedicarlo a las nuevas generaciones de la familia. Así
nació "Aleste", fruto de la síntesis de los dos nombres de Alessia y Stefano (Ale-Ste).
En viñedo como en bodega, sin embargo, nada ha cambiado. La vid continúa su recorrido
vegetativo y productivo como si nada hubiera cambiado y así también el vino en bodega:
permanecen los depósitos abiertos de acero para acompañar la fermentación y la maceración;
la fermentación maloláctica y la consiguiente elevación continúan desarrollándose en toneles
de roble francés de 500 litros. Asimismo la botella persiste en afinar el vino durante al
menos 18 meses antes de dejar que se encuentre con la mesa dispuesta.
Cuando los tiempos del viñedo y de la bodega han concluido comienza una época nueva, igual
de estimulante, la de la copa, la mesa, el encuentro con el degustador que rechaza los
conformismos y busca las emociones más auténticas. En la copa, se aprecia ese color granate
decidido y atractivo que recuerda a las cerezas recién cogidas y que poco a poco se tiñe de
sutiles reflejos anaranjados. En las añadas más frescas exhibe una gran refinamiento de
aromas, generosos pero algo esquivos; en las más cálidas y soleadas, cuenta la solemnidad y
la prontitud. En cualquier caso, los caracteres repiten sus notas, que evocan aromas florales
y frutales y luego poco a poco lo etéreo envolvente y las especias más nobles. En boca, tras
un primer paso algo más titubeante por su juventud, prevalece el calor y la potencia, que con
el transcurrir de los años se traducen en sensaciones más reflexivas y armoniosas. Todo ello
con el tiempo que acompaña la evolución y no afecta a las certezas de un vino que sabe
resistir a los años sin vacilación.
Por último el Barolo Docg Vite Talin, fruto de una larga historia entre vides, viñedos y
vinos. La historia de este Barolo tiene su origen en 1987, en los albores de la actividad
vitivinícola de Luciano. Acostumbrado como estaba a observar, anotar, verificar, había visto
en el viñedo situado en Le Coste de Barolo, entre las muchas vides presentes en aquella
parcela que cultivaba en arrendamiento, una planta que se diferenciaba de todas las demás.
Parecía una broma de esa naturaleza que suele jugar con el hombre viticultor e intrigarlo.
A Luciano le resultaron de inmediato evidentes las diferencias de los racimos, más pequeños
y esparcidos respecto a los de las demás plantas. Las bayas eran oscuras, de un azul casi
negro, con mucha pruina que empañaba la vista. También las hojas tenían un porte particular:
eran muy recortadas, rugosas y compactas. Menor le pareció también el vigor de la planta.
Todo ello le llamó la atención y así la marcó con un atadero para seguir observando su
evolución.
De ahí arrancó un proyecto de selección y evaluación de esta planta, a través de un recorrido
que llevó poco a poco a la multiplicación de esa vid y a la implicación del Centro Nacional
de Investigaciones. No fue un camino fácil ni exento de obstáculos. Como todas las
vicisitudes de la vida, Luciano pasó de momentos de euforia a otros de replanteamiento. Pero
las ganas de probar, conocer y buscar caminos nuevos fueron más fuertes que todo.
Después de tanto trabajo, con la creación de nuevas plantas y nuevos viñedos, después de que
también la experimentación en bodega hubiera generado resultados contundentes, la añada
crucial fue 2013: Luciano se dio cuenta de que ese vino era digno de llevar el nombre de
Sandrone, aunque todavía no hubiera la certeza de que esa vid originaria fuera Nebbiolo y
por tanto ese vino pudiera llamarse Barolo. Las dudas quedaron definitivamente disipadas en
2017 cuando el análisis de ADN de esas plantas sancionó que se trataba de Nebbiolo y que el
vino tenía los caracteres absolutos del Barolo Docg.
A partir de ese momento Vite Talin se convirtió en una plena expresión de Barolo.
Ahora que todo es producción, las uvas se elaboran con despalillado total y la fermentación
con maceración se desarrolla en depósitos de madera verticales de 50 hectolitros. Tras un
período variable de 20-35 días de maceración total según las añadas, el vino nuevo clarifica
en depósitos de acero antes de la fermentación maloláctica en toneles de 500 litros de roble
francés, donde permanece durante los dos años siguientes. Tras otro año en barricas ovaladas
también de roble francés, el Barolo Vite Talin va finalmente a botella, donde afina durante
otros tres años antes del debut en sociedad que se produce en la práctica a seis años de la
vendimia.
Los caracteres son únicos y sorprendentes también en copa: color granate impecable, seguro
en su vestido elegante. Aroma complejo que comienza con las notas florales, seguidas de las
minerales y frutales. En boca la plenitud se acompaña de la complejidad y la corpulencia. Un
largo final suave invita al descubrimiento de nuevas sensaciones para un vino que manifiesta
una gran propensión a la longevidad.
El ciclo finalmente se ha cerrado. De aquella fugaz observación de una vid original y diferente
a las demás el camino ha sido largo, pero el resultado es importante y constituye un ulterior
enriquecimiento varietal capaz de contribuir a hacer del Barolo un vino y un universo cada
vez más extraordinarios.
Comenzamos a hablar del Dolcetto, la variedad de uva de la cotidianidad y que produce el vino de la cotidianidad.
Comenzamos a hablar de los viñedos que contribuyen a producir el Barolo Docg Le Vigne. En total son cinco: Vignane en Barolo, Merli en Novello, Baudana en Serralunga d'Alba, Villero en Castiglione Falletto y Le Coste di Monforte en Monforte d'Alba.
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